UNIDAD 2. INVESTIGACIÓN DOCUMENTAL Y DE CAMPO
Sesión 5. Investigación documental
S5. Actividad 2. Análisis y abstracción de información.
Antecedentes:
La relación escuela-comunidad
La
educación de los adultos y el uso de las Tecnologías de la Información.
Intervención
comunitaria
Bibliografía
Sesión 5. Investigación documental
S5. Actividad 2. Análisis y abstracción de información.
ESTUDIO
EXPLORATORIO SOBRE LA VIABILIDAD DE UNA ESCUELA COMUNITARIA DE ACTUALIZACIÓN
TECNOLÓGICA PARA ADULTOS Y ADULTOS MAYORES EN LA CÓMUNIDAD TEPENEPANTLA, CHIMALHUACÁN
(ESTADO DE MÉXICO)
MARCO TEÓRICO
Antecedentes:
La relación escuela-comunidad
El papel
de la escuela en la comunidad, sobre todo en aquellas que bordean lo rural-marginal,
sigue siendo central en tanto es un referente de conocimiento y consolidación
de la propia comunidad; imprescindible para la mejora en la calidad de vida de aquellos
que la conforman (Giacobbe Tovani & Moscoloni
Bicchi, 2009) .
Por
razones estructurales (la falta de infraestructura principalmente) o el deseo de
la propia comunidad de plantear una “escuela”, nacida de y para los propios
integrantes de la comunidad, la institución hace más que suplir una necesidad
educativa. Se consolida al interior de la población que la acoge como un
reclamo por el derecho a la educación situada.
Una
educación que provea a los integrantes de la comunidad no solo de contenidos
estandarizados de carácter académico, sino de una perspectiva de lo social
implícito en lo educativo. Aún en el tenor de lo estrictamente disciplinario,
la gestión democrática de la educación al interior de la comunidad tiene fuertes
efectos positivos en la calidad de la educación.
Ello
es así por que a escuela comunitaria parte del principio democrático y
equitativo. La vinculación de los actores clave de la escuela (docentes y
directivos) con los actores propios de la comunidad se de manera simétrica:
familias, actores sociales, representantes de otras organizaciones, etc. Se da
en un entorno democrático y participativo. El objetivo, es que la comunidad se
involucre activamente en la gestión y funcionamiento del proceso educativo, y
de este, que la educación forme en los estudiantes la capacidad de transformar
los aprendizajes en estrategias de aplicación práctica que permitan el
desarrollo local y la resolución de problemas (Bustos
Jiménez, 2011) .
El
carácter comunitario de la escuela plantea su rol en un contexto mucho más
amplio que el institucional; lo localiza en el contexto más amplio de los
problemas de la localidad, de la injusticia social y la asimetría en las
relaciones sociales que aquejan a la población. La escuela, se vuelve el
depositario de una parte elemental de la estrategia local de desarrollo (Parrilla Latas, Muñoz-Cadavid, & Sierra
Martínez, 2013) .
Concretamente,
la escuela hace frente a las propias necesidades de la comunidad, dejando de lado
el desarrollo aislado de la escuela como institución, esta se vuelve el brazo
formativo de la población. No solo como centro de educación formal sino como
nicho clave en la divulgación de los intereses comunitarios, es el símbolo del
trabajo y retos de la comunidad, por que emerge de ella misma, porque una vez materializada,
respeta e integra totalmente las voces de la gente que la ha conformado.
La
educación de los adultos y el uso de las Tecnologías de la Información.
Desde
sus inicios, la sistematización de la educación como un proceso formativo,
estuvo siempre ligada a la idea de formación del ciudadano, en el sentido
puramente académico (respecto a los saberes de las ciencias) y también en el
sentido cívico. En las sociedades modernas, la educación formal aparece como un
instrumento básico de la formación de individuo en etapas tempranas; el
carácter esencialmente instrumental de la educación, convierten el proceso de
formación en un escenario de preparación para la vida en sociedad, antesala del
trabajo y la vida en comunidad (Yuni & Urbano, 2005) .
En
ese tenor la educación formal, también como espacio imprescindible de
socialización, tradicionalmente se retoma como un espacio de intervención
temprana; por ello, la educación de los adultos parece como una especie de “paradoja”
o inversión de ese proceso en el cual, la educación deja de ligarse a su
propósito más pragmático.
Como
tal, necesidad de gestionar la educación de la población adulta se planea desde
finales de siglo XIX, sin embargo, no es hasta después de las guerras, con los
cambios demográficos y los avances en la ciencia (que permitieron el incremento
de la esperanza de vida) que surgen los primeros intentos sistemáticos de
gestionar la educación adulta en Europa y Estado Unidos (García Araneda, 2007) .
A
partir de ahí, surgen diversos planteamientos teóricos que cuestionan dos
cosas. Por un lado, la visión cuasi demeritoria de la edad adulta y la
ancianidad como una etapa de la vida que se comprenden “falta de aprendizaje” o
en la cual los procesos formativos son innecesarios, y debido a ello, reducen
la visión de la educación a su visión más instrumental.
Por
otro lado, una de las particularidades de la educación de los adultos y adultos
mayores, es el fuerte cuestionamiento que hace a la jerarquización de los roles
profesor-alumno, tradicionalmente asociada a la adultez-niñez (Yuni & Urbano, 2005) . Tradicionalmente, la
educación parte del principio social de “transmisión” de saberes de los más
experimentados a los más jóvenes; jerarquizando así el mismo proceso en una
relación puramente asimétrica en la que el conocimiento siempre viaja en una
sola dirección.
La
educación de una comunidad adulta supone de facto una inversión de la relación
en la cual el docente (de edad mayor y mayor experiencia) se posiciona como el
único emisor de un conocimiento; de tal manera que cualquier propuesta
educativa en este sentido, tendría que considerar no solo la posibilidad de que
el alumno también es un emisor importante se saberes, sino de que el tipo de
conocimiento debe estar anclado con una funcionalidad practica para que este se
vuelva significativo.
La
simetría por la que se apuesta en la educación de los adultos tiene al fin dos
objetivos; por un lado, el rescate de la propia experiencia del adulto y la
revalorización de sus capacidades cognitivas. El adulto, como sujeto activo de su
propio conocimiento, es más consciente de su participación el proceso de
creación del conocimiento. Además, establece esta nueva etapa de aprendizaje basado
en una motivación intrínseca. El aprendizaje por el “gusto” de aprender”, por
el deseo de actualizarse, y en el caso de la tercera edad, como un proceso que
ayuda al sujeto a tener una senectud plena (Aranda Reyes, Forcelledo LLano, Nuñez Díaz, Ménder
Romero, & García Alúm , 2011) .
Intervención
comunitaria
Considerando
la relativa instrumentalidad del proceso educativo en adultos y adultos
mayores, la motivación principal reside en el involucramiento del alumno en una
actividad que considere el mismo como útil.
La idea de una escuela comunitaria para adultos y adultos mayores, por
su puesto no es nueva, tampoco la apuesta por una “alfabetización digital”.
La
inevitable integración de la tecnología a la vida cotidiana ha hecho cada vez
más necesaria a integración de las TIC´s a la educación formal. En este sentido
desde hace mucho que se produce la necesidad de lo que denomina alfabetizaciones
emergentes (Dussel & Southweil, 2013) ; aquellas que
responden a las nuevos aprendizajes y medios para aprender, compatibles como la
evolución de la sociedad. A este término confiere la importancia de integrar de
manera amplia al proceso de educación formal, la educación emocional, cívica,
económica, interrelacionar y por supuesto digital.
Respecto
a esto último, la alfabetización digital es cada vez más preponderante pues no solo
estamos hablando de un proceso de educación formal que capacita recursos humanos
altamente familiarizados con los nuevos procesos de comunicación e interacción
digital sino de un espacio que permitiría el acercamiento del estudiante a una
sociedad altamente tecnologizada.
Este
es fuerzo es toda vía más necesaria si consideramos que en el caso del estrato
de la población que aquí nos interesa. La brecha en el acceso a las TIC´s existe
y por supuesto incrementa su gravedad de acuerdo con el sexo, las condiciones económicas
el grado escolar, y la condición etaria. De acuerdo con la ENDUTIH 2017, si
bien el porcentaje de usuarios de computadora se incrementó del 2001 al 2015 en
2.6 % para grupos de edad 45 a 54 años, y de 54 y más; aun así, sigue habiendo
un alto desequilibrio pues el mayor crecimiento se registra en grupos etarios
más jóvenes (INEGI, 2017) .
La
particularidad de la mayoría de las propuestas educativas de gran alcance, parten
justo de la premisa de que la educación digital es imprescindible en el proceso
educativo, no obstante, una vez más se recae en el reduccionismo de que únicamente
debe priorizarse esta alfabetización como antesala del trabajo en etapas
tempranas.
Si
bien existen ejercicios importantes al respecto, como es el caso del proyecto E-México
(2000), la experiencia permitiría mostrar que no se lograba a de manera
sistematiza y organizada la integración de los adultos a la alfabetización
digital (Salinas Amescua, Huerta Alva, Porras Hernández ,
Amador Pérez, & Ramos Rodríguez, 2006) . Ello debido a que,
si bien existe el esfuerzo estructural y organizado de dotar de instrumentos tecnológicos,
más o menos distribuidos a nivel nacional; lo imprescindible, la trasformación
y gestión de las habilidades continuas para el acercamiento a las bondades de la
tecnología aún estaban ausentes.
Para
que de verdad se dé una inclusión digital, una alfabetización, no solo debe
existir un proyecto infraestructural de tecnologización, sino una adecuación del
proyecto educativo a las necesidades y habilidades de cada comunidad;
pedagógicamente fundamentados y localmente integrados.
Bibliografía
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Bustos Jiménez, A.
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Delors, J. (1996). La
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García Araneda, N. R.
(2007). La educación con personas mayores en una sociedad que envejece. Horizontes
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Giacobbe Tovani, M.,
& Moscoloni Bicchi, N. (2009). Redes comunitarias: un desafío para
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http://www.beta.inegi.org.mx/proyectos/enchogares/regulares/dutih/2015/default.html
Parrilla Latas, Á.,
Muñoz-Cadavid, M. A., & Sierra Martínez, S. (2013). Proyectos educativos
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15-31.
Salinas Amescua, B.,
Huerta Alva, M. G., Porras Hernández , L. E., Amador Pérez, S. E., &
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Yuni, J. A., &
Urbano, C. A. (2005). Educación de adultos mayores. Teoría, investigación
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